Cada tantos años los calendarios electorales en Latinoamérica coinciden, otorgándonos la oportunidad de analizar la dirección política de América Latina. Y esta vez la diferencia, más que entre izquierda y derecha parece ser entre aquellos países donde se fortalecen las instituciones y aquellos donde se debilitan. Un país con instituciones fuertes es un país con credibilidad y previsibilidad. Un país con menor riesgo país.
Entre fines del 2009 y comienzos del 2011, la mayoría de los Estados más grandes de la región, y varios de los medianos y pequeños, tuvieron o tendrán elecciones nacionales importantes. La última vez que hubo tal concentración de votos populares la región se movió a la izquierda, en algunos casos afectando el rumbo de las políticas públicas. ¿Qué se observa esta vez? Los resultados recientes no marcan una clara dirección ideológica. En junio del 2009, el Gobierno Argentino perdió la mayoría legislativa propia. Meses después vuelve a ganar la izquierda en Uruguay, bajo la promesa de mantener la continuidad económica. En Chile, vence la derecha por primera vez en décadas y en Honduras un nuevo Presidente busca el reconocimiento mundial, luego de que al Presidente electo anterior lo echaran del país. En Bolivia, el presidente Evo Morales gana su reelección y afianza su control del país, cuando un año antes se temía una guerra civil. Más que ideología se nota una preferencia por la estabilidad política y, con algunas excepciones importantes, se valora cada vez más el fortalecimiento de las instituciones y la primacía de reglas de juegos claras.
Mirando a futuro las elecciones que se vienen en Costa Rica, Colombia, Brasil y Perú es probable que se caractericen por un acuerdo de los principales candidatos sobre las políticas económicas básicas. Es decir, gane quien gane, no se vislumbran giros bruscos de la economía y las finanzas públicas. En Colombia todavía no se ha definido si el presidente Uribe podrá presentarse para su segunda reelección, pero, sea cual sea la decisión final, no se espera que la elección ponga en duda la continuidad económica y fiscal. Esto, que para países en otras regiones es algo común, es un logro nuevo. La historia reciente de Latinoamérica está repleta de ejemplos, donde el voto por un candidato sobre otro, cambió radicalmente el rumbo del país. Y esta incertidumbre solía pesar sobre los mercados y economías nacionales. Si se mantiene y se afianza será un cambio muy positivo para la región.
Todo esto es en claro contraste a las elecciones legislativas en Venezuela, donde hay incertidumbre de qué pasa si gana la oposición y donde las instituciones políticas y jurídicas se han debilitado. ¿Cómo reaccionara el Gobierno? Esta diferencia, entre países, donde las instituciones son lo suficientemente fuertes para aguantar los embates políticos por un lado, y los países donde falta previsibilidad por el otro, va camino a ser la gran división política de América Latina. Izquierda vs. derecha resulta menos relevante que instituciones vs. poder personalizado. Las buenas noticias son, que cada vez más los votantes de Latinoamérica buscan previsibilidad. Las malas noticias residen en que el camino a un futuro más estable, para todos los países, no va a ser fácil.