No podemos permitir que continúe extinguiéndose en nuestro país la posibilidad de la democratización del deporte, y menos que una minoría corrupta se adueñe de este. Urge dar las herramientas necesarias a los clubes deportivos para que se financien de manera efectiva y logren modernizar sus estructuras al nivel que exige el mercado internacional. Igualmente hay que reforzar la vigilancia del origen de sus capitales y aumentar controles.
¿Cuántos años lleva el fútbol colombiano enfrentando crisis interminables en razón del pésimo manejo contable y continuos escándalos de corrupción y lavado de dinero?
Ha sido tal el caos contable, que de los 18 equipos, 14 reportaron déficit por $68.260 millones, resultando insuficiente el reciente apretón de Coldeportes, que obligó este año a los clubes a presentar un plan único de cuentas para que en los balances integren activos intangibles como la valoración de la marca, la licencia o el derecho a participar en un campeonato; también a detallar la información sobre la venta de jugadores, ya que no son los equipos los que se están beneficiando con estas, sino los dueños de los pases, que, adicionalmente, no pagan impuestos sobre estas ganancias porque subfacturan y se amparan en sociedades sin ánimo de lucro.
De la misma forma, es necesario que haya total transparencia e información sobre el origen de sus ingresos y aportes para impedir que se repitan desafortunadas situaciones, donde mafiosos se adueñaron de los equipos para lavar recursos ilícitos. Recordemos que equipos como Millonarios, Unión Magdalena y América de Cali están bajo la tutela de la Dirección Nacional de Estupefacientes, y hay otros en capilla como Santa Fe por estas funestas relaciones.
El fútbol es un buen negocio y como tal lee conviene estructurarse. La marca, el nombre y las hinchadas deben valorarse para que sea el mejor activo en las nuevas sociedades, porque actualmente la mayoría de los clubes colombianos son corporaciones sin ánimo de lucro, modelo en vía de extinción en el mundo, lo que les impide entrar al mercado de valores para capitalizarse, como lo hacen los clubes deportivos europeos, los brasileños y los argentinos. Estos esquemas promueven la democratización con socios capitalistas y no de papel.
Según datos del Dane, en el 2009 la economía colombiana gastó el 2% del PIB en entretenimiento, y los ingresos de los clubes colombianos por concepto de taquilla no alcanzaron los US$100 millones al año; como se ve, el potencial es inmenso.
Soy ponente del proyecto de ley que cursa en la Comisión Tercera del Senado que permite agilizar la conversión de los clubes deportivos a sociedades anónimas, así pasarían a ser vigilados por la Superfinanciera, y los capitales tendrían los controles competentes de la Unidad de Infracción y Análisis Financiero (Uiaf), del Ministerio de Hacienda y de la Supersociedades, para evitar el lavado de activos.
De igual forma, se permitirá a los clubes conservar el estatus de fundación o corporación sin ánimo de lucro, pero de llegar a tener pérdidas que disminuyan su patrimonio por debajo del 25% del capital durante dos años consecutivos tendrán que convertirse en sociedad anónima, y lo más importante, los obliga a tener mínimo tres mil socios reales para iniciar la democratización.
Para nutrir la ley cité, en el Senado, al Foro Nacional del Deporte, a finales de octubre, a todos los actores interesados, al igual que a los organismos de control, para concertar las decisiones más pertinentes y sacar al deporte nacional, en especial al fútbol, de la actual encrucijada.